Autor:
óscar E.D.
Categoría:
Social
Publicado:
Miércoles 29 Julio 2026
Marearse en el barco antes de bucear: por qué ocurre y cómo evitar que arruine la inmersión
Para algunas personas, el momento más difícil de una salida de buceo no está bajo el agua. Está en el barco.
Mientras los demás preparan el equipo, hablan y disfrutan de la navegación, el buceador que se marea empieza a notar calor, bostezos, sudor frío, salivación, pesadez de estómago y una sensación cada vez más intensa de que va a vomitar. Deja de escuchar el briefing, no puede mirar su equipo y solo piensa en llegar al agua o regresar a tierra.
No es falta de fortaleza, poca experiencia ni “tener mal estómago”. El mareo por movimiento —también llamado cinetosis o mal de mar— es una respuesta del sistema nervioso ante determinadas combinaciones de movimiento. Con un estímulo suficientemente intenso y prolongado, prácticamente cualquier persona con un sistema vestibular funcional puede llegar a marearse. Lo que cambia es la susceptibilidad de cada individuo.
La buena noticia es que existen medidas que reducen mucho su aparición. La mala es que no hay un método infalible que permita a cualquier buceador navegar y bucear con cualquier estado de mar. El objetivo no debe ser entrar al agua a toda costa, sino controlar el mareo sin perder atención, coordinación ni capacidad de reacción.
¿Por qué nos mareamos en un barco?
Para mantener el equilibrio, el cerebro combina principalmente tres fuentes de información:
Los ojos indican dónde estamos y si el entorno se mueve.
El oído interno detecta aceleraciones, inclinaciones y movimientos de la cabeza.
Los músculos y articulaciones informan sobre la posición del cuerpo.
En un barco, estas señales pueden contradecirse. El oído interno percibe el balanceo, pero si estamos dentro de la cabina, mirando el teléfono o inclinados sobre el equipo, nuestros ojos observan un entorno aparentemente inmóvil. El cerebro recibe entonces un patrón diferente del que esperaba.
La explicación científica más aceptada es la teoría del conflicto sensorial o desajuste neuronal: el sistema visual, el vestibular y la percepción corporal transmiten informaciones que no coinciden con el modelo de movimiento previsto por el cerebro. Esta discrepancia activa los mecanismos que producen el mareo.
Por eso mirar el horizonte suele ayudar y mirar el móvil suele empeorar el problema. El horizonte proporciona una referencia visual coherente con el movimiento que está detectando el oído interno.
El mareo empieza antes de las náuseas
Muchas personas esperan a tener ganas de vomitar para actuar. Para entonces, el proceso ya está avanzado y los medicamentos orales pueden absorberse peor porque el estómago reduce su actividad.
Los primeros síntomas pueden ser:
Bostezos repetidos.
Falta de concentración.
Sensación de calor.
Sudor frío.
Palidez.
Cansancio repentino.
Dolor de cabeza.
Aumento de la saliva.
Sensación extraña o pesada en el estómago.
Mayor sensibilidad al olor del combustible.
Mareo, vértigo o respiración acelerada.
Después suelen aparecer náuseas, arcadas y vómitos. La evolución es normalmente gradual, por lo que actuar en las primeras señales ofrece más posibilidades de frenar el episodio.
¿Por qué algunos buceadores se marean mucho y otros casi nunca?
La sensibilidad al movimiento varía enormemente. Parte de esa variación parece ser genética; los estudios con gemelos estiman que la heredabilidad podría explicar entre el 55 % y el 70 % de las diferencias individuales de susceptibilidad. También se marean con mayor facilidad las personas con antecedentes de migraña, vértigo o trastornos vestibulares.
Otros factores pueden reducir temporalmente nuestra tolerancia:
Dormir poco.
Consumir alcohol la noche anterior.
Fumar o utilizar nicotina.
Estar deshidratado.
Tener hambre o haber comido demasiado.
Permanecer en una zona cerrada y calurosa.
Respirar olores de combustible, tabaco o perfumes intensos.
Mirar hacia abajo mientras se prepara el equipo.
Leer o utilizar el teléfono.
Mover constantemente la cabeza.
Sentir ansiedad anticipatoria por miedo a volver a marearse.
La falta de sueño, el alcohol y la nicotina están asociados a un empeoramiento del mareo por movimiento.
La ansiedad también puede amplificar las sensaciones. Esto no significa que el mareo sea imaginario. Significa que una persona que espera encontrarse mal presta más atención a cada sensación corporal, respira de manera diferente y puede entrar antes en un círculo de malestar. El origen continúa siendo fisiológico, aunque el estado emocional puede modificar su intensidad.
La prevención comienza el día anterior
El error más frecuente es intentar solucionar el problema cuando el barco ya se está moviendo. En personas muy susceptibles, la estrategia debe empezar antes.
Dormir suficientemente
El cansancio disminuye la tolerancia al movimiento. Una noche corta después de conducir varias horas, preparar material y madrugar puede ser suficiente para que una persona que normalmente tolera el barco empiece a marearse.
Evitar el alcohol
No solo puede empeorar el mareo. También favorece la deshidratación, altera el sueño y puede potenciar los efectos sedantes de medicamentos como el dimenhidrinato. El prospecto oficial de Biodramina desaconseja expresamente consumir alcohol durante el tratamiento.
No hacer una comida pesada
Una cena muy grasa, picante o abundante puede aumentar el malestar gastrointestinal. Pero tampoco suele ayudar embarcar completamente en ayunas. Un estómago vacío puede resultar más sensible a la irritación.
Lo más razonable es realizar una comida ligera, fácil de digerir y conocida por la persona. Antes de embarcar pueden funcionar alimentos sencillos como pan, tostadas, arroz, plátano o galletas saladas. DAN recomienda una comida ligera aproximadamente entre 45 y 60 minutos antes de subir al barco, además de mantener una hidratación adecuada.
No existe una dieta universal. Algunas personas toleran mejor comer poco y otras prefieren dejar más tiempo entre la comida y la navegación. Conviene descubrir el patrón personal mediante salidas menos exigentes, no durante una jornada con mala mar y una navegación larga.
Hidratarse sin exagerar
Debe llegarse al barco correctamente hidratado, pero no es necesario beber grandes cantidades de golpe. Es preferible tomar agua regularmente durante las horas anteriores.
Los vómitos pueden producir una pérdida importante de líquidos. En un buceador, la deshidratación se añade al esfuerzo físico, el calor del traje y la diuresis propia de la inmersión. DAN considera la deshidratación provocada por los vómitos una amenaza relevante para quienes sufren mal de mar.
Qué hacer antes de que el barco salga
Preparar el equipo cuanto antes
Montar el equipo en el muelle o nada más subir evita tener que permanecer agachado, mirando hacia abajo y manipulando piezas mientras el barco se mueve.
Además, una persona mareada puede cometer errores que normalmente no cometería: dejar una botella cerrada, montar mal un latiguillo, olvidar los plomos o prestar poca atención a la comprobación del compañero. DAN aconseja preparar el equipo antes de que comience la navegación siempre que sea posible.
Elegir un barco y una ruta adecuados
Cuando exista la posibilidad de escoger, una embarcación grande, ancha y estable suele producir menos movimiento que una pequeña. Un catamarán puede resultar más estable que algunos monocascos, aunque su comportamiento depende del diseño y del estado de la mar.
También ayuda elegir puntos de inmersión con navegaciones cortas. Para una persona extremadamente sensible, reducir treinta minutos de trayecto puede ser más efectivo que añadir otro remedio.
Avisar al patrón o al responsable
Decir que uno se marea no es una información irrelevante. Permite reservar la zona más estable, preparar el equipo antes, facilitar que esa persona entre de las primeras y vigilar si aparecen vómitos o deshidratación.
Ocultarlo solo hace que el grupo descubra el problema cuando ya es más difícil solucionarlo.
La mejor posición en el barco
Normalmente, debe buscarse la zona con menos desplazamiento vertical, que suele encontrarse cerca del centro de la embarcación. La proa acostumbra a experimentar movimientos más amplios.
La recomendación práctica es:
Permanecer en el exterior y bien ventilado.
Situarse cerca del centro del barco.
Mantenerse lo más bajo posible sin perder la visión del horizonte.
Mirar a lo lejos, ligeramente por encima de la línea del horizonte.
Evitar la proa, las cubiertas altas y las zonas cerradas.
Mantener la cabeza relativamente estable.
No leer, escribir ni mirar el teléfono.
Estas medidas reducen el conflicto entre la información visual y la vestibular.
Si no puede verse el horizonte, cerrar los ojos o tumbarse boca arriba puede ayudar a algunas personas porque disminuye la información visual contradictoria y reduce los movimientos de cabeza. No obstante, tumbarse en una zona cerrada con calor y olor a combustible puede empeorar el malestar, por lo que debe priorizarse una zona segura y ventilada.
Respirar de forma controlada
Respirar rápida y superficialmente puede aumentar el malestar y la sensación de pérdida de control. La respiración controlada consiste en mantener un ritmo regular, parecido al de reposo, sin realizar inspiraciones excesivamente profundas ni hiperventilar.
Los ensayos de laboratorio indican que puede proporcionar una protección parcial, aproximadamente la mitad de la conseguida con los medicamentos contra el movimiento, aunque necesita práctica y no funciona igual en todas las personas. Su ventaja es que no produce somnolencia ni otros efectos farmacológicos.
Un patrón sencillo consiste en inspirar suavemente, soltar el aire de manera lenta y concentrarse en mantener un ritmo estable. El objetivo no es respirar “todo lo profundo posible”, sino evitar la respiración acelerada y desordenada.
La adaptación: el remedio más eficaz, pero también el más lento
La exposición repetida puede hacer que el cerebro actualice su modelo interno y deje de interpretar el movimiento como algo anormal. Es lo que popularmente llamamos “acostumbrarse a la mar” o adquirir piernas de marinero.
El CDC considera la habituación o desensibilización la medida más eficaz conocida, incluso por encima de los medicamentos, y sin efectos adversos. Sin embargo, tarda en desarrollarse, depende del tipo de movimiento y puede perderse después de un periodo prolongado sin navegar.
Para un buceador muy sensible, puede ser útil comenzar con navegaciones cortas y mar moderada, repitiéndolas con cierta frecuencia antes de afrontar salidas largas. No consiste en soportar vómitos durante horas, sino en aumentar la exposición de forma progresiva y controlada.
Biodramina: efectiva, pero no inocua
Biodramina contiene dimenhidrinato, un antihistamínico utilizado para prevenir y tratar las náuseas, los vómitos y el vértigo producidos por el movimiento. En condiciones naturales, las revisiones sistemáticas indican que los antihistamínicos probablemente son más eficaces que el placebo para prevenir el mareo en adultos susceptibles. La evidencia es mucho más débil sobre su capacidad para controlar el episodio una vez que los síntomas ya han comenzado.
El momento de la toma importa. El prospecto español recomienda realizarla al menos media hora antes del viaje y, preferiblemente, entre una y dos horas antes. Una vez iniciadas las náuseas, el vaciamiento del estómago puede hacerse más lento y el medicamento oral puede tardar más en absorberse. Siempre debe seguirse la dosis y las instrucciones del prospecto, del farmacéutico o del médico.
El principal problema para un buceador es la somnolencia. El dimenhidrinato puede producir sueño, sedación, visión borrosa, mareo y disminución de la capacidad de reacción. El propio prospecto advierte que no debe conducirse ni manejarse maquinaria peligrosa después de tomarlo.
Bajo el agua necesitamos:
Comprender señales.
Controlar la flotabilidad.
Vigilar el aire y la profundidad.
Reaccionar ante una emergencia.
Ayudar al compañero.
Tomar decisiones rápidas.
Por tanto, que un medicamento pueda comprarse sin receta no significa que sea automáticamente compatible con el buceo.
DAN advierte que los antihistamínicos y otros medicamentos que actúan sobre el sistema nervioso central pueden interactuar con los efectos de la presión parcial del nitrógeno. La sedación podría sumarse a la narcosis y aumentar la dificultad para pensar o reaccionar correctamente.
La regla imprescindible
Nadie debería probar Biodramina por primera vez el mismo día que va a bucear.
Debe probarse previamente en tierra, en un día en que no sea necesario conducir, trabajar con maquinaria ni realizar actividades de riesgo. Hay que comprobar si produce sueño, lentitud, visión borrosa, confusión, nerviosismo o cualquier efecto inesperado. DAN recomienda conocer la respuesta individual antes de utilizar estos medicamentos en una jornada de buceo.
Si produce somnolencia apreciable en tierra, no es razonable confiar en que bajo el agua desaparecerá.
¿Es mejor Biodramina con cafeína?
Biodramina Cafeína combina dimenhidrinato, cafeína y piridoxina. La cafeína pretende contrarrestar parte de la somnolencia producida por el dimenhidrinato. Sin embargo, el prospecto sigue advirtiendo que el medicamento puede causar somnolencia y disminución de la capacidad de reacción. La cafeína no garantiza que el buceador mantenga intactas sus capacidades.
Además, puede provocar nerviosismo, agitación, insomnio, palpitaciones, respiración acelerada o desorientación. No es necesariamente la mejor opción para personas con ansiedad, insomnio, hipertensión, determinadas cardiopatías o sensibilidad a la cafeína. También debe limitarse el café, el té, las bebidas de cola y otras fuentes adicionales de cafeína mientras se utiliza.
La elección entre una formulación u otra no debería basarse en que la caja diga “con cafeína”, sino en la respuesta personal y en el consejo del farmacéutico, del médico o, preferiblemente, de un especialista en medicina subacuática.
Otros antihistamínicos
La meclozina o meclizina es otro antihistamínico utilizado contra el mareo y está autorizada en España en determinadas presentaciones. Tiene una duración más prolongada que el dimenhidrinato, pero también puede provocar somnolencia y efectos anticolinérgicos. No debe asumirse que “dura más” significa automáticamente que es más segura para bucear.
La ciclizina y la cinarizina se utilizan en algunos países o situaciones, pero su disponibilidad, indicaciones y perfil de seguridad varían. Algunas combinaciones con dimenhidrinato están indicadas para el vértigo, no necesariamente para que un buceador se automedique antes de una salida.
La prometazina puede ser eficaz frente a estímulos intensos, pero es uno de los tratamientos más sedantes. El CDC la considera más sedante que la escopolamina, el dimenhidrinato o la meclizina, y DAN advierte que puede deteriorar seriamente las capacidades necesarias para realizar actividades peligrosas. Por ello, no es una opción razonable para el buceo recreativo sin valoración médica específica.
Los antihistamínicos modernos utilizados para las alergias, como cetirizina, loratadina o fexofenadina, no suelen funcionar contra el mareo por movimiento. Precisamente están diseñados para penetrar menos en el cerebro, pero el efecto antimareo necesita una acción sobre los centros vestibulares del sistema nervioso central.
El parche de escopolamina
La escopolamina es un medicamento anticolinérgico que puede administrarse mediante un parche colocado detrás de la oreja. Los estudios y revisiones indican que es eficaz para prevenir el mareo y, en promedio, puede resultar algo menos sedante que el dimenhidrinato. Su efecto puede durar varios días.
Esto no significa que esté libre de riesgos. Puede producir:
Sequedad de boca y ojos.
Visión borrosa.
Mareo.
Confusión.
Agitación.
Desorientación.
Alucinaciones.
Retención urinaria.
Debe evitarse o valorarse cuidadosamente en personas con glaucoma, problemas prostáticos o determinadas enfermedades. El parche tampoco debe cortarse para modificar la dosis.
Su disponibilidad comercial varía según el país. No debe comprarse por canales dudosos ni utilizarse por recomendación informal de otro buceador. Requiere valoración médica y una prueba previa suficiente para comprobar la tolerancia.
Medicamentos que parecen lógicos, pero no funcionan igual
No todos los medicamentos contra las náuseas sirven para el mal de mar.
El ondansetrón y otros antagonistas de los receptores 5-HT3 son eficaces en algunos tipos de vómitos, pero no han demostrado ser eficaces contra el mareo por movimiento porque no actúan sobre los centros vestibulares responsables del conflicto sensorial.
Tampoco tiene sentido tomar antihistamínicos para la alergia esperando que todos tengan el mismo efecto. La eficacia depende de su capacidad para actuar en el sistema nervioso central, que es precisamente lo que también puede provocar somnolencia.
Jengibre: puede ayudar, pero la evidencia es irregular
El jengibre es uno de los remedios naturales más utilizados. Algunos ensayos han encontrado una reducción de los vómitos y el sudor frío durante la navegación, y existen mecanismos plausibles relacionados con el funcionamiento del estómago. Otros estudios no han encontrado una diferencia clara frente al placebo.
La conclusión más rigurosa es que puede ayudar a algunas personas, especialmente con las náuseas leves, pero no existe evidencia suficiente para considerarlo tan fiable como los medicamentos preventivos. El CDC califica la evidencia sobre el jengibre, las vitaminas y las dietas especiales como débil y contradictoria.
Puede tomarse en infusión, caramelos o preparados comerciales, pero no todos contienen la misma cantidad de principios activos. Las bebidas de “ginger ale” pueden llevar muy poco jengibre y bastante azúcar o gas.
Los suplementos también pueden interactuar con medicamentos, especialmente anticoagulantes, por lo que “natural” no equivale a inocuo.
Pulseras de acupresión
Las pulseras que presionan el punto P6 de la muñeca son populares porque no producen somnolencia. Sin embargo, los ensayos controlados no han demostrado de forma consistente que prevengan el mareo mejor que una pulsera placebo.
El CDC concluye que, en estudios de laboratorio, estas pulseras no han sido más eficaces que el placebo. Aun así, reconoce que el efecto placebo puede ser importante y que una persona que percibe beneficio puede seguir utilizándolas, siempre que no sustituya medidas eficaces ni retrase una decisión de seguridad.
En otras palabras: pueden acompañar al resto del plan, pero no deberían ser el único recurso de alguien que suele sufrir vómitos intensos.
¿Qué hacer cuando el mareo ya ha empezado?
Hay que actuar al primer síntoma, no cuando la persona ya está vomitando.
Dejar inmediatamente el teléfono, la cámara, el libro o cualquier tarea que obligue a mirar de cerca.
Ir a una zona exterior, ventilada y próxima al centro del barco.
Mirar fijamente el horizonte o un punto distante.
Mantener la cabeza estable y evitar agacharse repetidamente.
Respirar de manera lenta y regular.
Alejarse del humo, el combustible y otros olores intensos.
Tomar pequeños sorbos de agua, evitando beber grandes cantidades de golpe.
Probar una pequeña cantidad de pan, galletas secas u otro alimento ligero si se tolera.
Si no existe una referencia visual adecuada, cerrar los ojos o tumbarse en una posición segura.
Comunicarlo al patrón, guía o instructor.
Las distracciones agradables, el aire fresco, la música o determinados olores pueden proporcionar alivio parcial, aunque su efecto es individual.
¿Entrar al agua hace que se pase?
En algunas personas, el mareo disminuye rápidamente al entrar en el agua porque desaparece parte del conflicto sensorial producido por la cubierta del barco. DAN sugiere que un buceador con síntomas leves, ya equipado y en condiciones seguras, pueda entrar de los primeros.
Pero esta recomendación se interpreta con demasiada libertad.
No significa que una persona agotada, deshidratada, somnolienta por la medicación o que lleva varios vómitos deba lanzarse al agua para “curarse”. Entrar precipitadamente puede hacer que:
No compruebe correctamente el equipo.
Olvide abrir la botella.
No escuche el briefing.
Se separe del compañero.
Comience la inmersión deshidratada.
Vomite bajo el agua.
Sea incapaz de responder ante una emergencia.
Los buceadores seriamente afectados deberían esperar hasta que los síntomas mejoren y recuperar antes la capacidad de concentrarse y actuar con normalidad.
Vomitar bajo el agua
Si aparecen arcadas durante la inmersión, no debe retirarse impulsivamente el regulador. DAN indica que la mayoría de los reguladores puede evacuar el vómito a través de la segunda etapa. Debe mantenerse el regulador en la boca, sujetarlo y vomitar a través de él, teniendo disponible la fuente alternativa por si el regulador queda obstruido.
Sin embargo, vomitar bajo el agua no es una situación trivial. Puede provocar tos, atragantamiento, aspiración de agua, pérdida del regulador, ansiedad y pérdida de control de la flotabilidad.
El compañero debe estar informado, permanecer muy cerca y valorar la finalización de la inmersión. Si se decide ascender, debe hacerse de manera controlada y respetando las obligaciones de descompresión que no puedan omitirse con seguridad.
La prevención continúa siendo mucho más segura que confiar en que se podrá gestionar el vómito bajo el agua.
Cuándo no se debería iniciar la inmersión
No existe una cifra exacta de vómitos que sirva para todas las personas. La decisión debe basarse en el estado funcional del buceador.
No debería comenzar una inmersión quien presente:
Vómitos repetidos.
Incapacidad para retener líquidos.
Debilidad importante.
Somnolencia o sedación.
Confusión o dificultad para concentrarse.
Visión borrosa.
Pérdida notable de coordinación.
Mareo intenso incluso con el barco detenido.
Signos claros de deshidratación.
Incapacidad para comprobar y manejar su propio equipo.
Necesidad de que los demás lo convenzan para entrar.
Cancelar puede resultar frustrante, pero una persona enferma no recupera su capacidad simplemente porque haya pagado la salida o porque el punto de inmersión sea atractivo.
El coste real no es perder una inmersión. Es convertir un problema desagradable pero controlable en una emergencia bajo el agua.
No todo mareo después de bucear es mal de mar
Cuando las náuseas o el vértigo aparecen durante el descenso, el ascenso o después de la inmersión, no deben atribuirse automáticamente al movimiento del barco.
El vértigo puede deberse a diferencias de presión entre los oídos, barotrauma del oído interno o enfermedad descompresiva vestibular. Si aparece junto con pérdida de audición, zumbidos, desequilibrio intenso, movimientos anormales de los ojos, desorientación u otros síntomas neurológicos, necesita valoración médica urgente.
También deben preocupar especialmente:
Un mareo completamente diferente del habitual.
Síntomas que continúan en tierra firme.
Dolor de cabeza intenso.
Alteraciones de la visión o del habla.
Debilidad o adormecimiento.
Dificultad para caminar.
Pérdida de audición.
Dolor importante de oído.
Confusión.
Síntomas simultáneos en varias personas expuestas a gases del motor.
En estos casos, decir “solo se ha mareado” puede retrasar la atención de un problema serio.
Un protocolo práctico para quien suele marearse
El día anterior
Dormir suficientemente, evitar el alcohol y las comidas excesivas. Preparar el material para reducir el trabajo durante la navegación.
Cuando se utilice medicación, debe ser una opción previamente probada y recomendada para esa persona, no un comprimido prestado por un compañero.
Antes de embarcar
Tomar una comida ligera, hidratarse y seguir el horario indicado en el prospecto o por el profesional sanitario. Informar al responsable de la embarcación.
Montar el equipo antes de zarpar.
Durante la navegación
Permanecer en el centro, al aire libre y mirando el horizonte. Evitar el móvil, la cámara, la cabina y los olores del motor. Mantener la cabeza estable y respirar con normalidad.
Al primer síntoma
Dejar cualquier tarea, avisar y actuar inmediatamente. No esperar a que aparezcan náuseas intensas.
Antes de entrar al agua
Comprobar honestamente cuatro cuestiones:
¿Puedo concentrarme?
¿Puedo manejar mi equipo sin ayuda extraordinaria?
¿He retenido líquidos?
¿Estoy libre de sedación o visión borrosa?
Si alguna respuesta es negativa, la inmersión debe posponerse o cancelarse.
La conclusión más útil
El mal de mar no se soluciona buscando una pastilla cada vez más potente. Cuanto más potente y sedante sea el medicamento, mayor puede ser el coste en rendimiento bajo el agua.
La estrategia más eficaz combina:
Adaptación progresiva.
Descanso adecuado.
Hidratación y alimentación ligera.
Elección correcta de la zona del barco.
Visión del horizonte.
Reducción de movimientos de cabeza.
Respiración controlada.
Preparación anticipada del equipo.
Medicación individualizada y probada previamente cuando sea necesaria.
Una decisión clara de no bucear si persisten vómitos, deshidratación o deterioro de la atención.
El objetivo no es demostrar que uno puede soportar la mala mar. Es llegar al agua en condiciones de realizar una inmersión segura y disfrutarla.
Para quien sufre mareos intensos de manera repetida, el siguiente paso más importante no es probar remedios al azar. Es consultar a un médico con conocimientos de medicina subacuática para diseñar una estrategia preventiva que tenga en cuenta su salud, la medicación habitual, el tipo de navegación y la reacción individual a los tratamientos.
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