Autor:
Oscar E.D.
Categoría:
Social
Publicado:
Domingo 8 Marzo 2026
Cuando el mar empezó a abrirse también a las mujeres
8 de marzo - Día Internacional de la Mujer
El mar siempre ha sido un espacio de descubrimiento. Sin embargo, durante siglos también fue un espacio donde las mujeres apenas estaban presentes, no porque no tuvieran su capacidad o su pasión, sino porque su tiempo les había reservado otros caminos. Sin embargo, algunas decidieron desafiar aquella frontera invisible y bajar bajo el agua cuando casi nadie esperaba verlas hacerlo.
Una de las primeras en romper este silencio fue Katherine “Kate” Dare, una joven inglesa que en 1911, con sólo 16 años, se convirtió en la primera mujer conocida que buceó con escafandra clásica. Lo hizo en Gorleston-on-Sea, en Norfolk (Inglaterra), equipada con el pesado vestido de lona, las botas de plomo y el casco metálico conectado a la superficie por una manguera de aire. Aquel equipo podía superar los 80 kilos de peso, siendo el buceo una actividad reservada casi exclusivamente a los hombres, vinculada a trabajos portuarios o salvamentos marítimos. Su descenso bajo el agua sorprendió a la prensa de la época y se convirtió en un pequeño gesto de rebeldía en una sociedad que apenas comenzaba a cuestionar los límites impuestos a las mujeres.
Años más tarde otra mujer ayudaría a escribir una nueva página de la historia del submarinismo. Simone Cousteau, compañera de Jacques-Yves Cousteau, participó en 1943 en las primeras inmersiones con escafandra autónoma, el sistema revolucionario que daría origen al submarinismo moderno. A bordo del mítico Calypso, Simone no sólo formaba parte del equipo: era una buceadora más, explorando los fondos marinos en una época en la que las mujeres eran todavía una excepción en este mundo. Sin buscar protagonismo, pero con una determinación serena, contribuyó a abrir el camino a otras muchas.
El mundo del buceo también recuerda a figuras como Suki Frazier, una de las primeras mujeres que destacó en el buceo deportivo y en la difusión de este deporte, demostrando que la pasión por el mar no entendía de género. Y también Penelope “Mossy” Powell, pionera británica del buceo recreativo, que contribuyó a consolidar la presencia femenina en los primeros clubes y comunidades de submarinismo cuando este deporte apenas empezaba a popularizarse.
Gracias a todas ellas —ya otras muchas mujeres que a menudo no aparecen en los libros— el submarinismo fue dejando atrás aquella idea de que el mar era territorio exclusivo de los hombres.
Hoy, décadas después, el panorama es muy distinto. Las mujeres forman parte esencial del mundo del buceo: son buceadoras, instructoras, científicas marinas, fotógrafas submarinas, exploradoras y defensoras de los océanos. En clubes de todo el mundo —y también en nuestro país— son cada vez más las que descubren bajo el agua un espacio de calma, de libertad y de aventura.
Cada inmersión de hoy lleva, de algún modo, la huella de esas primeras pioneras que se atrevieron a bajar cuando nadie lo esperaba.
Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, queremos recordarlas y, al mismo tiempo, celebrar a todas las mujeres que hoy siguen escribiendo la historia del submarinismo. Las que se inician por primera vez, las que acumulan cientos de inmersiones, las que transmiten conocimiento y las que comparten con nosotros esta forma única de mirar el mar.
Porque bajo el agua desaparecen muchas diferencias, y sólo queda lo esencial: el silencio, la respiración pausada y la maravilla de descubrir un mundo que sigue cautivándonos.
Y porque el mar, hoy más que nunca, también es suyo.
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