Autor:
óscar E.D.
Categoría:
Fauna y flora
Publicado:
Lunes 31 Agosto 2026
La foca monje podría volver a Cataluña: Cap de Creus, escenario de un ambicioso proyecto de reintroducción
Más de medio siglo después de desaparecer de nuestras costas, la foca monje del Mediterráneo podría volver a establecerse en Cataluña. La Generalitat quiere reactivar en 2027 un proyecto que tiene como objetivo final reintroducir esta emblemática especie en Cap de Creus.
Para quienes buceamos habitualmente en el Mediterráneo puede resultar difícil imaginar nuestras costas con focas. Sin embargo, hubo una época en la que encontrarse con ellas formaba parte de la naturaleza de este mar.
La foca monje del Mediterráneo (Monachus monachus), conocida en catalán como vell marí o foca monjo, ocupó históricamente buena parte de las costas mediterráneas. La persecución directa, las capturas accidentales, la transformación del litoral y el incremento de la presión humana provocaron una fuerte regresión de sus poblaciones durante el siglo XX.
En Cataluña acabó desapareciendo. La última observación confirmada que se cita en el litoral catalán se produjo en 1973, entre Roses y Cadaqués.
Ahora, más de cincuenta años después, existe la posibilidad de que vuelva.
Un proyecto para devolverla a Cap de Creus
La Generalitat de Catalunya trabaja en la recuperación de la foca monje y pretende reactivar en 2027 la primera fase de un proyecto de reintroducción, según ha explicado el secretario de Transición Ecológica, Jordi Sargatal.
El objetivo final sería establecer nuevamente ejemplares de la especie en Cap de Creus, uno de los espacios marinos mejor conservados y protegidos del litoral catalán.
Conviene aclarar un aspecto importante: 2027 no es actualmente la fecha prevista para liberar las focas.
Lo anunciado es el inicio o reactivación de las primeras fases del proyecto. La eventual liberación de ejemplares en Cap de Creus sería la culminación de un proceso mucho más largo y todavía no tiene una fecha establecida.
Cataluña tampoco estaría sola. La iniciativa se plantea de manera coordinada con las Islas Baleares, donde Cabrera sería otro de los lugares considerados para recuperar la especie en el Mediterráneo occidental.
¿De dónde podrían proceder las focas?
Una de las claves del proyecto se encuentra a miles de kilómetros de Cataluña.
En la zona de Cabo Blanco, entre Mauritania y el Sáhara Occidental, sobrevive una de las principales colonias de foca monje.
Existe un acuerdo entre Mauritania, Marruecos, Portugal y España que contempla la posibilidad de extraer de esta población un número limitado de animales dentro de una estrategia internacional de conservación.
La concentración de numerosos ejemplares en unas pocas colonias supone precisamente uno de los riesgos para la supervivencia de la especie. Un episodio de mortalidad masiva ocurrido en Cabo Blanco en 1997 redujo drásticamente aquella población en pocas semanas.
Crear nuevas poblaciones y conectar progresivamente los núcleos existentes permitiría distribuir ese riesgo y, a largo plazo, favorecer también el intercambio genético.
El planteamiento va mucho más allá de traer focas directamente desde África y liberarlas en Cataluña. La estrategia contempla consolidar y reforzar poblaciones atlánticas y avanzar posteriormente en la recuperación de la especie en territorios donde desapareció.
El objetivo a largo plazo es especialmente ambicioso: contribuir a recuperar la conexión entre las poblaciones del Atlántico y las que sobreviven actualmente en el Mediterráneo oriental.
¿Por qué Cap de Creus?
Cap de Creus reúne varias características que explican su elección.
Su costa abrupta, los sectores rocosos de difícil acceso, las cuevas y cavidades costeras y, especialmente, la existencia de amplias zonas marinas protegidas proporcionan unas condiciones muy diferentes de las existentes en buena parte del litoral catalán.
Además, desde 2025 el ámbito marino del Parque Natural dispone de un Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) que regula actividades como el buceo, la navegación y la pesca con el objetivo de compatibilizar estos usos con la conservación de especies y hábitats.
Pero disponer de un espacio protegido no garantiza por sí solo el éxito.
Una futura población de focas tendría que convivir con embarcaciones, pescadores, centros de buceo, submarinistas y una considerable actividad turística. Antes de cualquier liberación será necesario estudiar detenidamente la disponibilidad de hábitat, alimento, zonas de descanso y reproducción y, especialmente, el impacto de la actividad humana.
Una especie que forma parte de nuestro Mediterráneo
La posible reintroducción tiene también un significado ecológico importante.
La foca monje no sería una especie exótica introducida en nuestras aguas. Sería la recuperación de un mamífero marino que formó parte históricamente del ecosistema mediterráneo y que desapareció principalmente como consecuencia de la actividad humana.
Actualmente, sus poblaciones permanecen fragmentadas. Los principales núcleos se encuentran en el Mediterráneo oriental —especialmente Grecia, Turquía y Chipre— y en determinadas zonas atlánticas, principalmente Cabo Blanco y Madeira.
La recuperación experimentada por algunas de estas poblaciones durante las últimas décadas permite plantear ahora escenarios que hace algunos años parecían difícilmente imaginables.
¿Qué supondría para los submarinistas?
Para la comunidad de buceo, el regreso de la foca monje tendría un componente extraordinario, pero también implicaría responsabilidades.
La prioridad de un programa de estas características no puede ser conseguir encuentros con los animales, sino precisamente conseguir que puedan vivir, descansar y reproducirse sin necesitar esconderse constantemente de las personas.
Si finalmente regresan a Cap de Creus, probablemente será necesario establecer protocolos específicos en determinadas zonas: distancias mínimas, limitaciones de acceso a lugares de reproducción o descanso y normas para embarcaciones y actividades subacuáticas.
Encontrar una foca durante una inmersión debería considerarse una consecuencia de haber recuperado un ecosistema, no el objetivo de la inmersión.
Un regreso que todavía necesitará tiempo
El proyecto se encuentra todavía lejos de la imagen de varias focas siendo liberadas en una cala de Cap de Creus.
Primero deberán desarrollarse las fases técnicas y administrativas, garantizar la viabilidad de las poblaciones de origen, estudiar detalladamente los lugares receptores y conseguir que la recuperación sea compatible con las actividades que actualmente se desarrollan en el litoral.
Por eso debemos diferenciar entre la voluntad de recuperar la especie y una reintroducción ya programada.
La Generalitat quiere que el proceso vuelva a ponerse en marcha en 2027, pero la liberación efectiva de ejemplares en Cataluña todavía no tiene fecha.
Aun así, el cambio respecto a hace unos años es significativo: la vuelta de la foca monje a Cataluña ha dejado de ser únicamente una posibilidad teórica y vuelve a plantearse como un proyecto de conservación sobre el que las administraciones están trabajando.
Quizá todavía tengan que pasar años, pero existe nuevamente la posibilidad de que una especie que desapareció de nuestras costas hace más de medio siglo vuelva a formar parte del paisaje submarino de Cataluña.
Y si algún día, durante una inmersión en Cap de Creus, aparece la silueta de una foca monje entre las rocas, no estaremos ante la llegada de una nueva especie.
Estaremos ante el regreso de una que nunca debimos perder.
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