¿Por qué a veces no podemos compensar los oídos? Lo que ocurre realmente durante el descenso

Autor:

óscar E.D.

Categoría:

Medicina

Publicado:

Martes 29 Septiembre 2026

¿Por qué a veces no podemos compensar los oídos? Lo que ocurre realmente durante el descenso

Casi cualquier persona que haya buceado conoce esa sensación. Empezamos a descender, compensamos una vez, seguimos bajando y, de repente, uno de los oídos parece dejar de colaborar. Probamos de nuevo, quizá el otro oído responde con ese pequeño “clic” característico, pero el primero continúa bloqueado. Bajamos un poco más pensando que quizá terminará abriéndose por sí solo y aparece una presión cada vez más incómoda. Entonces solemos cometer uno de los errores más habituales: intentar compensar con más fuerza.

Sin embargo, el problema no suele resolverse porque no se trata simplemente de “soplar más”. Lo que está ocurriendo dentro del oído es un fenómeno físico y anatómico bastante preciso. Entenderlo permite compensar mejor, reducir el riesgo de lesión y, sobre todo, comprender por qué algunas técnicas funcionan y otras pueden empeorar la situación.

El oído medio: una pequeña cavidad llena de aire

El oído medio es una cavidad situada detrás del tímpano y llena de aire. Está conectada con la parte posterior de la nariz y de la garganta mediante las trompas de Eustaquio, unos conductos estrechos que normalmente permanecen cerrados y se abren brevemente cuando tragamos, bostezamos o realizamos determinados movimientos musculares.

En superficie no prestamos atención a este mecanismo porque la presión a ambos lados del tímpano es prácticamente la misma. Pero al entrar en el agua la presión exterior empieza a aumentar de inmediato. Aproximadamente cada diez metros de agua de mar añadimos una atmósfera de presión, de manera que a diez metros estamos sometidos aproximadamente al doble de presión que en superficie.

Según la ley de Boyle, cuando aumenta la presión de un gas su volumen disminuye si la temperatura se mantiene aproximadamente constante. El aire contenido en el oído medio, por tanto, tiende a comprimirse a medida que descendemos. Si no añadimos aire nuevo a esa cavidad, se crea una diferencia de presión entre el exterior del tímpano y el oído medio.

Esa diferencia es la que empieza a deformar el tímpano hacia dentro y provoca la sensación de presión que todos reconocemos.

Por qué los primeros metros son los más delicados

Puede parecer lógico pensar que cuanto más profundo estamos, más difícil debería ser compensar, pero desde el punto de vista relativo ocurre justo lo contrario: los cambios de presión proporcionalmente más importantes suceden cerca de la superficie.

Pasar de la superficie a diez metros significa pasar aproximadamente de una a dos atmósferas de presión absoluta. Es decir, duplicamos la presión. En cambio, pasar de veinte a treinta metros significa pasar de tres a cuatro atmósferas, un aumento proporcional bastante menor.

Por eso tantos problemas de compensación aparecen en los primeros metros. No es casualidad ni falta de experiencia: físicamente, es precisamente ahí donde el oído tiene que adaptarse con mayor rapidez.

Esto explica también por qué conviene empezar a compensar inmediatamente y no esperar a sentir molestias. En esos primeros metros, pequeñas diferencias de profundidad pueden producir cambios relativamente importantes de presión.

Qué significa realmente “compensar”

Compensar no consiste en destaponar el oído ni en expulsar agua. Lo que hacemos es introducir una pequeña cantidad de aire en el oído medio a través de la trompa de Eustaquio para igualar la presión a ambos lados del tímpano.

Cuando la trompa se abre correctamente, el aire entra en el oído medio y el tímpano recupera una posición más neutra. Muchas personas sienten entonces un pequeño chasquido, un “pop” o simplemente una sensación inmediata de alivio.

El problema aparece cuando dejamos que la diferencia de presión aumente demasiado antes de intentar compensar. Cuanto mayor es esa diferencia, más deformado está el tímpano y más difícil puede resultar abrir correctamente la trompa de Eustaquio.

Este fenómeno es una de las razones principales por las que retrasar la compensación puede convertir un problema pequeño en uno mucho más difícil de resolver.

Por qué esperar a que duela es una mala estrategia

El dolor no debería ser la señal para empezar a compensar. En realidad, cuando aparece dolor ya existe una diferencia de presión significativa.

Si continuamos descendiendo sin igualar correctamente las presiones, la mucosa del oído medio puede congestionarse. Los pequeños vasos sanguíneos pueden dilatarse y empezar a perder líquido o incluso sangre hacia la cavidad del oído medio. Eso es lo que conocemos como barotrauma del oído medio.

Los síntomas pueden incluir dolor, sensación de oído lleno, reducción de la audición, tinnitus y, en casos más graves, perforación del tímpano o afectación de estructuras más profundas.

Un estudio publicado en Diving and Hyperbaric Medicine en 2021, basado en 1.881 buceadores recreativos y profesionales, encontró que una proporción muy elevada había sufrido alguna vez síntomas compatibles con barotrauma del oído medio. La dificultad para compensar correctamente aparecía entre los factores más relacionados con estos episodios.

Esto no significa que el barotrauma sea inevitable ni que ocurra constantemente, sino que es uno de los problemas médicos más comunes relacionados con el buceo.

Soplar más fuerte no significa compensar mejor

La maniobra más conocida entre los buceadores es la de Valsalva: cerrar la nariz y soplar suavemente contra ella. Esta maniobra aumenta la presión en la zona posterior de la nariz y puede facilitar que el aire atraviese la trompa de Eustaquio.

Cuando funciona, es perfectamente válida. El problema aparece cuando interpretamos que, si no funciona a la primera, debemos soplar cada vez con más fuerza.

Una trompa de Eustaquio funcionalmente cerrada no necesariamente se abrirá porque generemos más presión. Además, las maniobras demasiado intensas pueden transmitir presiones elevadas hacia estructuras sensibles del oído interno.

La literatura médica sobre lesiones de oído relacionadas con el buceo lleva años señalando que las compensaciones vigorosas pueden contribuir a determinados tipos de barotrauma del oído interno.

La idea más útil es mucho más sencilla: compensar con frecuencia y suavidad es mejor que hacerlo tarde y con fuerza.

Valsalva no es la única técnica

Aunque la maniobra de Valsalva es la más enseñada, existen otras formas de compensar. Una de ellas es la maniobra de Toynbee, que combina el cierre de la nariz con la deglución. Otra es la maniobra de Frenzel, muy utilizada en apnea y basada en movimientos de la lengua y la garganta para generar presión de una forma más controlada.

La maniobra de Frenzel ha sido estudiada de forma específica y se ha comprobado que produce cambios de presión eficaces en la trompa de Eustaquio. Su ventaja es que no depende tanto de generar presión desde el tórax como ocurre con una Valsalva clásica.

Esto no significa que todos los buceadores deban sustituir una técnica por otra, pero sí que aprender más de una maniobra puede ser útil. Algunas personas descubren que combinando deglución, movimiento mandibular y una presión suave consiguen mejores resultados que limitándose a soplar con la nariz cerrada.

La compensación es una habilidad técnica y, como cualquier habilidad, puede mejorarse con práctica.

¿Se pueden “preparar” los oídos antes de entrar al agua?

Sí, aunque conviene entender correctamente qué estamos preparando.

A veces se habla de “calentar los oídos”, pero desde el punto de vista anatómico no estamos calentando el oído interno ni haciendo que el tímpano sea más flexible. Lo que podemos hacer es practicar la apertura de las trompas de Eustaquio y activar los movimientos musculares que utilizaremos después durante el descenso.

Divers Alert Network recomienda que las personas con tendencia a tener dificultades practiquen compensaciones suaves antes de la inmersión y comprueben que ambos oídos responden con normalidad. También puede resultar útil realizar varias degluciones, movimientos suaves de mandíbula o pequeños bostezos voluntarios.

La lógica fisiológica es razonable: estamos ensayando el patrón muscular antes de necesitarlo bajo presión. Sin embargo, aquí hay que ser rigurosos. No existen buenos ensayos clínicos que demuestren que una rutina concreta de “calentamiento” durante cinco o diez minutos reduzca de forma cuantificada el riesgo de barotrauma.

Por tanto, puede ser una práctica útil y lógica, pero no debería presentarse como una garantía ni como un método probado al mismo nivel que otras recomendaciones mejor establecidas.

Precompensar antes de descender

Una medida especialmente útil es realizar una compensación suave justo antes de iniciar el descenso.

La idea es empezar la inmersión con las trompas funcionando y con una ligera presión positiva en el oído medio, en lugar de esperar a que aparezca la primera sensación de presión.

Esto puede ser especialmente útil porque, como hemos visto, los primeros metros son precisamente los más exigentes desde el punto de vista físico.

La compensación previa no sustituye a las compensaciones posteriores, pero puede hacer que el inicio del descenso sea más progresivo y controlado.

Compensar poco y muchas veces

Una de las recomendaciones más coherentes con la fisiología es compensar de forma frecuente durante los primeros metros.

El objetivo es evitar que la diferencia de presión llegue a hacerse grande. Un buceador que compensa cada poco tiempo está corrigiendo diferencias pequeñas. En cambio, uno que espera hasta sentir presión intensa está intentando resolver una situación mucho más difícil.

Esta diferencia explica por qué dos personas pueden usar exactamente la misma maniobra y obtener resultados completamente distintos.

La primera no está “compensando mejor” porque sople más fuerte, sino porque está actuando antes.

La velocidad de descenso también importa

Descender demasiado rápido reduce el tiempo disponible para reaccionar. Si en pocos segundos pasamos por los primeros metros, la diferencia de presión puede acumularse con rapidez antes de que hayamos tenido tiempo de compensar correctamente.

Por eso un descenso lento y controlado facilita mucho el proceso. Utilizar un cabo de descenso puede ayudar especialmente a buceadores con dificultades recurrentes, porque permite detenerse inmediatamente y controlar mejor la profundidad.

La posición también puede influir. Algunas recomendaciones de medicina del buceo sugieren que iniciar el descenso relativamente vertical puede facilitar la compensación a ciertas personas y, sobre todo, mejorar el control.

Más que buscar una postura milagrosa, lo importante es evitar descensos descontrolados en los que no podemos detenernos con precisión.

¿Por qué un oído compensa y el otro no?

Las dos trompas de Eustaquio no tienen por qué comportarse exactamente igual.

Nuestro cuerpo no es completamente simétrico y pueden existir pequeñas diferencias anatómicas entre un lado y otro. También puede haber una inflamación mayor en una de las trompas o simplemente una coordinación muscular distinta.

Por eso es relativamente frecuente que un oído compense perfectamente mientras el otro tarda más.

En esas situaciones puede ayudar mover suavemente la mandíbula, tragar o cambiar ligeramente la posición de la cabeza. Pero el principio más importante sigue siendo el mismo: si un oído no compensa, no debemos continuar descendiendo.

La estrategia correcta es detener el descenso, ascender ligeramente hasta que desaparezca la presión y volver a intentarlo de forma suave.

Resfriados, alergias y congestión

La trompa de Eustaquio desemboca en la nasofaringe, una zona recubierta por mucosa. Si esa mucosa está inflamada por un resfriado, una infección respiratoria o un proceso alérgico, la apertura de la trompa puede volverse mucho más difícil.

Diversos estudios en buceadores han encontrado relación entre las infecciones respiratorias altas y una mayor incidencia de barotrauma.

Esto explica algo que muchos buceadores han experimentado: un día compensan perfectamente y, durante un resfriado aparentemente leve, de repente tienen enormes dificultades.

En esas condiciones, forzar la maniobra no resuelve el problema anatómico. Si la trompa está inflamada y no abre correctamente, la presión no desaparecerá por insistir con más fuerza.

Descongestionantes: una solución con límites

Algunos buceadores utilizan descongestionantes nasales u orales para poder compensar.

Estos medicamentos pueden reducir temporalmente la inflamación y facilitar la apertura de las trompas, pero tienen limitaciones. El principal problema es que su efecto puede disminuir durante la inmersión.

Si una persona consigue descender gracias al efecto del medicamento y, durante el ascenso, la mucosa vuelve a congestionarse, el aire del oído medio puede tener dificultades para salir. Esto puede provocar un bloqueo inverso.

Además, algunos descongestionantes nasales pueden producir congestión de rebote si se utilizan con frecuencia.

Por esta razón, las organizaciones de medicina del buceo recomiendan prudencia con su uso y, en caso de necesidad recurrente, valoración médica específica.

La experiencia también ayuda

Varios estudios han analizado la función de la trompa de Eustaquio en buceadores con distintos niveles de experiencia. Los resultados sugieren que los buceadores más experimentados suelen presentar menos problemas de compensación o una mejor adaptación durante inmersiones repetidas.

No significa necesariamente que sus trompas sean anatómicamente mejores.

La explicación más probable es que reconocen antes las sensaciones, compensan con mayor frecuencia, controlan mejor la velocidad de descenso y utilizan las maniobras con más precisión.

Una parte de lo que a veces llamamos “tener buenos oídos” puede ser, en realidad, haber aprendido a utilizarlos mejor.

Qué hacer cuando un oído no compensa

Si aparece presión, lo primero es dejar de descender. Si la sensación no desaparece, debemos ascender ligeramente hasta recuperar comodidad y volver a intentarlo.

En ese momento puede ser útil tragar, mover la mandíbula o emplear otra maniobra que dominemos. Lo importante es que cualquier intento sea suave.

Si después de subir ligeramente seguimos sin poder compensar, la decisión correcta es terminar el descenso.

Insistir, forzar y continuar bajando transforma una dificultad menor en una situación con riesgo real de lesión.

Cuándo preocuparse después de la inmersión

Una ligera sensación de oído lleno puede desaparecer poco después de salir del agua, pero algunos síntomas merecen más atención.

Dolor persistente, pérdida auditiva significativa, tinnitus intenso, sensación de bloqueo que no mejora o vértigo deben valorarse médicamente.

Especialmente importante es la combinación de pérdida súbita de audición y vértigo, porque puede indicar afectación del oído interno.

Las lesiones del oído interno son menos frecuentes que el barotrauma del oído medio, pero pueden ser más graves y requieren valoración especializada.

La mejor compensación es la que evita el problema antes de que empiece

La compensación eficaz no consiste en soportar presión y después vencerla a la fuerza. Consiste en evitar que esa diferencia llegue a acumularse.

Practicar en superficie, comprobar que ambos oídos responden, realizar una precompensación suave, empezar a compensar desde los primeros centímetros, descender despacio y no continuar si aparece molestia son medidas mucho más eficaces que esperar al dolor.

Podemos llamar coloquialmente “calentamiento” a parte de esta preparación, siempre que entendamos qué significa realmente. No estamos calentando el oído como si fuera un músculo. Estamos preparando un mecanismo delicado formado por músculos, mucosas, pequeñas diferencias de presión y unos conductos que normalmente permanecen cerrados.

Y si un día ese mecanismo no responde, también hay que saber interpretarlo.

En buceo, muchas veces saber cuándo dejar de bajar es tan importante como saber descender.

Referencias

  • Lindfors OH, Räisänen-Sokolowski AK, Hirvonen TP, Sinkkonen ST. Middle ear barotrauma in diving. Diving and Hyperbaric Medicine. 2021;51(1):44-52.

  • Uzun C. Evaluation of predive parameters related to Eustachian tube dysfunction for symptomatic middle ear barotrauma in divers. Otology & Neurotology. 2005;26(1):59-64. DOI: 10.1097/00129492-200501000-00010.

  • Uzun C, Adali MK, Tas A, Koten M, Karasalihoglu AR, Devren M. Use of the nine-step inflation/deflation test as a predictor of middle ear barotrauma in sports scuba divers. British Journal of Audiology. 2000;34:153-163.

  • Rozycki SW et al. Inner ear barotrauma in divers: an evidence-based tool for evaluation and treatment. Diving and Hyperbaric Medicine. 2018;48(3):186-193. DOI: 10.28920/dhm48.3.186-193.

  • Divers Alert Network. Ears & Diving: Middle-Ear Equalization.

  • Divers Alert Network. Beat the Squeeze: Equalize Like a Pro.

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